Osteopatía

La ciencia evoluciona: el valor de la duda en la práctica clínica

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Investigación científica y evidencias clínicas en osteopatía

El Prof. Mark Langlade, parafraseando al filósofo Karl Popper, describe tres actitudes que caracterizan la manera de hacer ciencia:

quienes contribuyen al cambio, cuestionando continuamente sus propios conocimientos y buscando nuevas soluciones;

quienes observan el cambio, adaptándose progresivamente a las nuevas evidencias;

quienes no se dan cuenta de que el cambio ya se ha producido, y siguen confiando exclusivamente en las certezas del pasado.

Esta última categoría incluye a aquellos profesionales que, aun animados por las mejores intenciones, prefieren refugiarse en las convicciones transmitidas por autorizados predecesores en lugar de confrontarse con nuevos conocimientos y evidencias científicas.

Cada elección profesional merece respeto, pero es importante recordar que la medicina – y con ella todas las disciplinas sanitarias – no es una ciencia exacta. Los conocimientos evolucionan continuamente: lo que hoy consideramos adquirido puede mañana ser revisado, corregido o incluso superado por nuevas evidencias. Como recordaba el Prof. Giuseppe Stefanelli, en la práctica clínica las certezas deben confrontarse siempre con el progreso de la investigación.

Por este motivo considero que en la ciencia uno puede enamorarse de una teoría, pero nunca debe casarse con ella definitivamente. Cada teoría es una herramienta para comprender la realidad, no una verdad absoluta.

El origen de todo razonamiento clínico nace de una pregunta fundamental que ha revolucionado el pensamiento científico moderno desde los tiempos de Galileo Galilei:

¿De qué deriva este fenómeno?

Es esta pregunta la que guía el recorrido diagnóstico y permite construir un razonamiento clínico riguroso.

Para responder correctamente es necesario integrar tres elementos fundamentales:

una recogida cuidadosa de la anamnesis;

un examen clínico completo y exhaustivo;

la capacidad de interpretar críticamente los datos recogidos.

Pero sobre todo no hay que olvidar nunca el verdadero significado de la medicina: el arte de cuidar a la persona, no simplemente la enfermedad.

Por este motivo cada profesional debería plantearse una pregunta tan simple como esencial:

¿Estamos tratando las imágenes contenidas en la historia clínica… o estamos tratando al paciente que tenemos delante?

Las investigaciones instrumentales representan un apoyo valioso, pero nunca pueden sustituir la escucha, la observación clínica y el razonamiento del profesional. El diagnóstico nace de la integración entre las evidencias científicas, la experiencia clínica y la evaluación individual de la persona.

Solo adoptando este enfoque es posible ofrecer una medicina realmente personalizada, fundada en las mejores evidencias disponibles pero siempre centrada en el paciente.

Dr Massimiliano Costantino