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Estrés, hiperactividad de los músculos masticatorios y bruxismo: ¿qué relación?

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Anatomía de los músculos masticatorios y de la articulación temporomandibular (ATM)

La literatura científica identifica dos factores principales que hacen que los músculos masticatorios sean particularmente propensos a la hiperactividad, más que cualquier otro grupo muscular del cuerpo humano.

El primero es el aumento de la tensión emocional, una condición hoy extremadamente extendida en la población. El estrés psicológico tiende, de hecho, a manifestarse mediante un aumento del tono muscular, afectando en particular al sistema masticatorio.

El segundo factor es la presencia de interferencias oclusales, es decir, alteraciones de las relaciones normales de contacto entre los dientes. Estas pueden aparecer con relativa facilidad tras restauraciones dentales, rehabilitaciones protésicas, tratamientos de ortodoncia u otros procedimientos odontológicos que modifican el equilibrio oclusal.

El aumento de la demanda de atención odontológica y el creciente número de pacientes sometidos a tratamientos restauradores, protésicos y de ortodoncia han hecho que este aspecto sea cada vez más relevante en la práctica clínica.

La asociación entre estrés emocional e interferencias oclusales puede influir en el tipo y la gravedad de los trastornos musculares. Se pueden observar, por ejemplo, pacientes con importantes alteraciones oclusales pero escasa componente emocional, así como sujetos sometidos a altos niveles de estrés a pesar de una oclusión sustancialmente equilibrada. La condición de mayor riesgo es la presencia simultánea de una elevada tensión emocional e interferencias oclusales significativas, situación en la que aumenta la probabilidad de desarrollar dolor y disfunciones de los músculos masticatorios.

Naturalmente, la hiperactividad muscular también puede reconocer otras causas, entre ellas alteraciones posturales, traumatismos directos o indirectos y numerosos otros factores locales y sistémicos.

El papel del estrés

Hoy en día está ampliamente reconocido que el estrés psíquico influye profundamente en la actividad muscular del organismo.

Hans Selye, considerado el padre de la investigación moderna sobre el estrés, lo definió como «la respuesta inespecífica del organismo a cualquier demanda proveniente del entorno», subrayando que no es el acontecimiento en sí lo que determina la respuesta biológica, sino la manera en que el cuerpo se adapta a él.

Contrariamente a lo que se piensa comúnmente, el estrés no es necesariamente negativo. Existen, de hecho, acontecimientos agradables y motivadores que inducen una respuesta fisiológica análoga a la provocada por situaciones desfavorables. Los estímulos capaces de generar esta respuesta se denominan estresores y pueden ser tanto positivos como negativos.

Cada estresor exige al organismo un proceso de adaptación. Cuanto mayor es la intensidad del estímulo, mayor será la energía que el cuerpo deberá movilizar para mantener su equilibrio interno.

¿Cómo se descarga la tensión?

La energía producida por la respuesta al estrés debe encontrar una vía de descarga.

En algunas personas se expresa hacia el exterior mediante reacciones conductuales evidentes, como arrebatos de ira, gestos impulsivos o manifestaciones verbales agresivas. Aunque socialmente poco aceptables, estas representan una forma directa de liberar la tensión.

Mucho más frecuentemente, sin embargo, el estrés se interioriza. En estos casos la tensión emocional se traduce en una respuesta somática que puede contribuir a la aparición de numerosos trastornos, entre ellos enfermedades gastrointestinales, hipertensión, trastornos cardiovasculares, alteraciones cutáneas y, en el ámbito odontológico, actividades parafuncionales del sistema masticatorio.

Numerosos estudios han demostrado que los sujetos sometidos a estrés crónico presentan un aumento de la actividad contráctil de la musculatura esquelética, con una implicación particularmente marcada de los músculos masticatorios. Incluso en la práctica clínica cotidiana es frecuente observar, en los pacientes estresados, un aumento de la tensión de la musculatura cervical y de la región dorso-cervical.

Estrés y bruxismo

A pesar de los notables avances de la investigación, los mecanismos por los cuales el estrés emocional provoca un aumento de la actividad de los músculos masticatorios aún no están completamente aclarados.

Algunas teorías psicodinámicas han planteado la hipótesis de que el bruxismo representa una forma de regresión a la llamada fase oral del desarrollo, periodo durante el cual la boca constituye el principal medio de relación con el entorno y de expresión de las emociones. La ansiedad, el miedo, la ira y la frustración serían así canalizadas inconscientemente a través de la actividad de la musculatura orofacial.

Muchas parafunciones, como morderse las uñas, roer objetos, apretar o rechinar los dientes, pueden con el tiempo convertirse en verdaderos hábitos automáticos. Aunque a menudo inconscientes, pueden tener importantes consecuencias en la salud del sistema estomatognático, provocando fatiga muscular, dolor, desgaste dental y sobrecarga de las articulaciones temporomandibulares.

Una de las hipótesis más aceptadas sugiere que, cuando la tensión emocional supera un determinado umbral, se activan inconscientemente circuitos nerviosos específicos que aumentan la actividad de los músculos elevadores de la mandíbula. Dado que en la edad adulta las formas infantiles de expresión emocional, como llorar o gritar, están en gran parte inhibidas, la tensión puede canalizarse hacia el sistema masticatorio, convirtiendo los músculos del cierre mandibular en el principal «órgano diana» de la respuesta al estrés.

Es importante subrayar que los conocimientos más recientes consideran el bruxismo un fenómeno multifactorial. El estrés es sin duda uno de los principales factores favorecedores, pero interactúa con mecanismos neurológicos centrales, la calidad del sueño, la predisposición individual y otros factores biológicos, haciendo que esta condición sea el resultado de la interacción de múltiples componentes.

Dr Massimiliano Costantino